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en la subversión de la mosquiteraMEME
Corro en los paradisíacos enredos de tus ahnelos
Te has hecho con todo mi sistema vegetativo. Has acaparado esa parte de mis hemisferios, desde el “acá” hasta el “allá”. A ambos lados del charco. Y te has constituido rey de las funciones vitales que me hacen más primitiva.
Me he realizado en el intento de encontrar algún texto desorientado sobre el hipotálamo… entre volutas cansadas de cigarros y vasos de tés reenfriados, me he rendido. No hay una sola huella que me conduzca del suelo cercano a la ventana a la cama en la que esperas. El pronombre que me identifica no tiene lugar. Tú esperas, pero no buscas. Tú esperas, pero no encuentras. Yo no busco, sin embargo, te encuentro. En cualquier esquina. En cualquier pensamiento. En el bajo fondo de mi maleta. En el blanco del negro. En los desvelos y los placeres solitarios. En el hipotálamo.
“debajo de mi dormitorio” de “mi cámara nupcial” sin burocracia. Si quereis encontrarme, sois libres de enviar señales de humo via email al sistema nervioso vegetativo. Pero no esperéis respuesta. Estaré no-online en unos meses. Así sucede cuando se apropian del regulador de las hormonas relacionadas con la función de la hipófisis.
En las funciones de hambre y saciedad, de temperatura, de sueño: te me instalas. Estás regulándome el apetito. Desde el ámbito parasimpático reinas sobre el calor que siento pero desde el simpático me dominas más: aumento la frecuencia respiratoria cada vez que suena el fonoporta y no espero una llamada y la sudoración se me acelera. Voy a darme una ducha. Voy a hundirme un rato bajo los líquidos que no segrego.
El ciclo del sueño me mantiene despierta. Soñandote en la vigilia. Te me enredas en el papel de mis funciones psíquicas y psicomotoras: los estados de hiperexcitabilidad o depresivos están bajo tu mando y yo sólo los proyecto con palpitaciones, rubor y lágrimas del hilo que de tu mano que me mueve. Soy un títere de mis vías olfativas cuando corre el aire y te sitúas cerca.
Mi virtud y mi vicio también penden del mismo hilo que me ata a tu volante. Si me enredas más, acabaré tatuandoandote en cada esquina de mi cuerpo. Pero regulame. Regúlame desde las 20.12 hasta la madrugada. Desde la madrugada hasta las 20.11. Sólo preciso de un minuto para desflequillarme y correr a ti. Dejandome irregular y perdiendome en las esquinas paradisiacas de tus... anhelos ¿Que quién es Marta? Javier Krahe y Javier López de GuerreñaQue sepas, Marta, ¿Que quién es Marta? Es la que nunca se aparta ¿Que qué Roberto? Pues un pijo que la infarta Que sepas, Marta, ¿Que quién es Marta? La que quisiera dar tarta ¿Y el tal Roberto? que siempre comió a la carta Que sepas, Marta, (Javier Krahe y Javier López de Guerreña) CALestupidezm i d e s e o e i d r z n e q o c u z i a h e r r i d m o GANA BATALLA a
a
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moción de censura-no eso es lo primero que su incrédula y casi impotente voz, soltó. Lo dejó caer como una lágrima, y sacudió la cabeza a modo de aspersor. No sabía que la rotundidad de esa afirmación revolvería su biografia hasta verle la entrepierna al hacer el pino.Es dificil saber, al pasar de los setenta, que su decisión prematura iba a causarme el desastre. La baraja de cartas reclamaba sobre la mesa. Ya no había ases en la manga de su blusa florida. Ciento ochenta grados, su cabeza. Topó de frente con sus impulsos más inmediatos. Allí, Carmela, ensombrada de lo que fue. ¿El tormento? “llega cuando asoma sus tacones por la esquina”. Incrédula, repartí las cartas. Comienza la partida. “Sesenta segundos tarde”, murmuró. Con un póker por partida como garantía de su poder absoluto, ninguna mujer que fume cigarrilos largos piensa jamás en la invasión de sus reliquias y tesoros. Pero llegó. Y poco a poco iban cayéndosele las ideas del tendero de sus entendederas… una braga, una camisa de seda negra, un calcetín remendado, un fular de fulana…
Carmela no entendía que sin viento físico sus pretensiones de arena se desvanecieran. Sólo toleraba olvidar lo que el viento se llevó, pero no lo que dejó en el suelo.
Margarita pasaba tres veces por semana a recordarle el paso del tiempo, ya que Carmela jamás lo tuvo –el tiempo- para pensarlo. Fox III le pedía cortesmente un poquito de leche para la hora del café… pero carmela nunca estuvo de acuerdo en conceder lo que se le pidiese… así que no tuvo suerte Fox aquella tarde.
Haciendo caso omiso a los estímulos de su vejiga, Margarita la sedujo para que se acercara al baño a retocarse…
Los horarios, para alguien tan principal y llena de principios, eran cuestión de vida, no de muerte, más que de orden. Si bien Carmela no obedecía a consejo externo, los órdenes de su vida eran de absoluta firmeza, así que se las arregló la doble de Verónica Voss para que sus rutinas fueran un orden que ella misma marcaba.
Marcaba sus órdenes al unísono de las manecillas del reloj. Maruja en el primero; Angustias y Soledad en el segundo; en el tercero su casa y margaritas en el ático. Edificio de los años treinta. Treinta veces rehabilitado.
Carmela de caramelo era toda monotonía. Sus persianas a media asta hasta las cinco; algo más gachas hasta el crepúsculo de los dioses y de los ídolos. Juan sin pena le dejaba el pan sobre la alfombrilla que anunciana “Bienvenidos”, todos los que a su puerta se acercasen, antes de las 17h. A cambio, un módico favor: bajar la basura.
Tacones de sábado noche, barra de labios de tono carmin 06, máscara de pestañas, blusa moteada, cartas en el bolso, y un lunar en la mejilla izquierda.
Negro, el café, por la mañana que la acercaban a Colombia. Pasta a la una, que la llevaban a la Roma de sus treinta años. Té frío a media tarde para helar su pulso. La partida diaria. Vino blanco al anochecer. Telediario. Pesacado a la plancha y cigarro de buenas noches.ventana del cuarto de baño. Noche y día. Día y noche, Carmela de caramelo escondía piruletas de fresa bajo su almohada.
Angustias tiene un acomodado trabajo en hacienda y un nombre que se acomodaba a la suela del zapato de su carácter. Siempre cargó con Carmela, que era Carmen cuando reñían.
Angustias paseaba con Fox III por las calles que la setentona le indicaba. Era entonces cuando podía desahogarse y llorarse todo lo sofocante que era aguantar a su madre.Figuradamente. Literal también.
Las dificultades de entendimiento entre ambas desaparecieron en cuanto Angustias aprendio a decir “mamá” y se retomaron cuando ésta se negó a salir de su casa. Nadie quería entender por qué Carmela no mostraba interés por conocer el super nuevo de la esquina o la colección nueva de zapatos de Pura López. Ella, cliente segura del bingo Las Vegas de la calle San Antonio cada y cada viernes, no quería más boletos. Renuncio a los de trenes y a los de la vida.
Fue así como la conocí. Ya lesbiana. Ya vieja como un saco de huesos olvidados en la parte trasera de un crematorio nazi. Quiso lidiar su rabia conmigo, entre las sábanas de hielo egipcio. Tras un polvo triste sacaba una libreta y me dictaba sus memorias. Carmela de caramelo me contaba cuentos cada noche y me despertaba con tostadas quemadas. Cada día. Durante los tres meses que me otorgó. Su olor me pisaba los talones por los soportales de camino a mi trabajo. Los domingos adornaba sus ventanas con margaritas blancas. Si todo iba bueno. Si todo iba de verdad las persionas estaban gachas y no me atrevía a subir las escaleras que conducían al paraíso. Su casa. Mi oasis.
Margarita era fruto del fontanero. Su marido sospechó cuando la encontró con su peor amiga en bragas. La abandonó cuando la encontró sin ellas. Todo en su puta vida eran abandonos, y sin embargo, Carmela era lo mejor que podía colarse en tu vida. Después de todo, sus setenta no hacían ojeras a sus tobillos de actriz.
Sobre su mesa dos cajetillas de Lark y unos codos perfectos. Unos brazos de extasis que se alzaban al infinito y unos dedos que estremecían al levantar su copa de vino. Con sólo posar sus párpados, ella me desnudaba. Ella me devoraba. Ella calentaba todo con un toque de vista. Ella me llenaba y yo me sabía el juguete de sus ultimos sueños.
Carmela de caramelo era lo menos parecido a un dulce. Colgaban de la extensión de su cuello sonoras perlas cuando sus caderas se paseaban de camino al espejo. Cada dedo contenía un par de anillos. Sus asuntos eran pendientes porque ella era imperfecta. Era una diosa. No lo desconocía, y jugaba con ventaja.
Entre las caderas de Carmenla, Margarita se ocupaba de Fox y no dejaba que nada la perturbase. Había conocido la soledad que su madre nunca tocó. La pared era implacable. Carmela tenía una esclava. Margarita un fantasma. Fassbinder debió soñar con ella.
Le revoqué su impetuoso “no”. Inventé artimañas que no resultaron. Le impuse. Le reclamé. Le imploré. finalmente, le supliqué. Pero Carmen no aceptó nunca la necesidad. Ella no pactaba. Cuando dijo que había un final determinado, supe que no sería intermitente. Toleraba con elegancia el alcohol y el vacío pero no comprendería mi ansiedad. Su última mano estaba destinada a mi fracaso. Un juego donde ambas sabíamos el resultado. Y me echó.
Era una trampa venenosa que te enreda con sus alas y sus volúmenes. Una piel enredadera. Era verde. Su deseo era mayor que mi experiencia, inútil. No aprendi más de nadie, mi amé tanto. No fui más feliz que en ese sexto piso, izquierda que encerraba tanto polvo. Tanta muerte. Tanta vida. Y Carmela se fue. Pero antes me desplazó a los capítulos resabidos Me borró. Mi rostro. Mi nombre. Mis alas. Y unos meses más tarde, su esquela en el diario.Sangré.Aquella madrugada no era la vejiga la que se vaciaba. Aborté mil recuerdos entre las sábanas. El sudor frio hizo un cóctel con la ira. Las venas se me hinchaban. El vino de la mesita de noche era rancio y cobijaba colillas en el pie. Los ansiolíticos estaban ya en mi intestino grueso. Mi pie era cojo. Me disfracé de erizo. Los lunares eran rimel corrido. Me masturbé con su recuerdo y gemí. El futuro era blanco, sin escribir.
Innovación culinariaInnovación culinaria = falta de Alimentos en el frigorífico
Nota: si te tienes que comer alguna pena, acompáñala de pan con jamón. Crudo. papaveroSopeso tejer una parraniana donde los aullidos de un sintecho abriendo tempranero las puertas de la Universidad no sean coherencias de un bohemio sino locuras de un siempreeternabotellaenmano.
Concluyo confeccionar una de Nicanor que deje narcisoalague la rabia a la calle, al perro que ladra, a las volutas del tabaco, a las formas barrocas, a la belleza, a la pobreza, a los que pasean y a los pitos gritones de los coches de los días feroces.
Pero quiero arquitectar mejor una contrapoesía para enfrentarme al mismo hermano de la Violeta, del Clavel, de la Rosa que no es, de la Gerbera marchita.
Contrarrevolucionar sus contrarrevoluciones.
Despolitizar lo despolitizado.
Y no me entiendas mal: quiero contrariar la suerte, lejos de negar la admiración.
de corazonesAquel que se enfrenta al paso de cebra y sólo interroga a las pelotas que quedan en la red emitiendo un quejido neumático. Es el mismo que olvida la acera opuesta; la de enfrente.
Aquel cuyo tiempo siempre va de menos cuarto a las en punto. El que sólo ejercita el lado subversivo del cuello.
El zurdo que lo apuesta todo desde el antilado del cuerpo. El que se levanta con el pie “ ”, porque son las idénticas piezas de carne que sostienen las esquelas del diario, a diario, y cruza las esquinas al oeste de su situación.
El contradiestro que pega su nariz funeraria al vidrio de la ventana. El que apoya el peso en una pierna. Derecha. Que desgasta un único tacón que pule sus callos de unimano.
Aquel que cierra y abre la puerta, que la cierra y la abre, desde la misma habitación.
No es rey, no es reina, es la antiforma de la soberbia. panta rei conduce filosofía de bolsilloMetí la mano en el bolsillo y sólo sacó una mota del pantalón desteñida…
Metí la mano entre los granos de café de una calle pequeña pequeña y se coloreó el intruso de marrón chocolate
Metí ambas manos entre una pantalla que abre al mundo y concluyó con el suyo
Meti las manos en bocas ajenas y sacó más de lo que quería
Metí las manos en una caja de zapatos.. quedaron las suelas
Las metió en el bolso… y más mensajes sin responder
Metí la mano en el bolsillo y sólo sacó una mota del pantalón desteñida…
...tauro tenía que ser..Quizás te sientas como que sacaste a pasear a un pequeño cachorro que no quiere quedarse quieto, Marta. El cachorro es curioso y por momentos atolondrado, ya que ignora el peligro de los coches o de una correa retorcida. Tienes la gran responsabilidad de enseñar algunas lecciones a este perro dándole al mismo tiempo algo de rienda suelta para que salga y explore por su cuenta...
i never lost control?
We passed upon the stair, we spoke of was and when Oh no, not me I laughed and shook his hand, and made my way back home Who knows? not me
the man who sold the world, Nirvana "hemos encontrado un lenguaje"Textos prestados... cambias dos o tres palabras: lo haces tuyosTe subo a un columpio. me dices “más rápido”. Yo te asiento. Me siento en el otro. Te bajo. Te subo. Te llevo a casa.
Hemos encontrado un lenguaje: asentir Sentimos a dos cucharadas de azucar A un cigarro a medias Y a medias prestadas
Te hago la comida. Me dices “más cebolla”. Yo te asiento. Me siento el las colindantes pimientas de tu plato. Te friego. Te llevo a la cama.
Hemos encontrado un lenguaje: aguantarnos Aguantamos la una cucharada de azucar La colilla del cigarro Y a rabias prestadas
Te hago putadas. Me dices “quiero más”. Yo te aguanto. Me aguanto en tus brazos. Tú me subes. Tú me llevas a casa.
Hemos encontrado una forma: olvidarnos Olvidamos nuestros pecados El sonido del teclado También las malas caras
Te hago el amor con la mirada. Tú me dices “quiero peli”. Yo la escucho. Yo no espero. Yo me voy a casa.
Hemos encontrado un sentido: un futuro. Yo futureo otras espaldas Una comida contigo Otras bragas
Yo envio un mensaje. Tu añades esquelas. Te digo “vuelvo pronto”. Y aquí me quedo.
c a l ib r o m aLos problemas c e l e s t i a l e s, esto es, los problemas de color celeste, -así como "Coqui´s room" es “la habitación de Coqui”-, llegaron cuando el Gran Buda resultó fa tal men te decapitado, no ta a a anto por la ira sino como por la patosidad del Grillo Creador de Insoportables Dolores de Cabeza
(de la gente, ya nunca de Buda). rutinocivaMil minutos repartidos en treinta días. Poseo una vida seropositiva con algodones impermeables. Cada desayuno puede ser la Última Cena. Un mito. Una leyenda sin anestesia. No me cruzan las ideas que despunto. No me tiritan las piernas. No es ella, es otra. No soy yo, es cualquiera. No se caduca el tabaco y se pasan de fecha las especias. No respiro. Me chuto cubitos de hielo. En las fosas nasales, no entierro penas. Nueve horas de sueño por veinticuatro horas de día. No gano. No pierdo. No transpiro. … … Cuelgo fechas en un tendedero
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